¡Qué mal hablan los <insertar variedad aquí>! (1) El lambdacismo.
omo te digo una cosa, te digo la otra. En al menos un artículo de este blog, pero estoy bastante seguro de que en varios, he escrito que los hispanohablantes somos bastante tolerantes con los errores que pueda cometer alguien que está aprendiendo español. Demasiado tolerantes, diría, al extremo que no ayudamos. Porque si alguien que está aprendiendo español nos dice una frase llena de errores pero nosotros comprendemos el mensaje la retroalimentación más probable es un ¡qué bien que hablas español! Pero entre nosotros no somos así. Nos criticamos cosas que ni siquiera son errores: los acentos, los modismos, las palabras que utilizamos para nombrar determinadas cosas, y largo etcétera. Hasta discutimos por el nombre del idioma: que si español o castellano, cuando todos los que hablamos este idioma comprendemos perfectamente ambas palabras, y las usamos. Al extremo de que, y esto lo he escuchado de verdad, hay gente que dice que no entiende a otros hablantes nativos del idioma por su acento. Mentira. Para ilustrar esto último, tengo un ejemplo. Existe el mito de que el español que se habla en Chile es incomprensible para los que no somos chilenos. Yo conozco muchos chilenos, y nunca tuve problemas para comunicarme con ninguno de ellos. En español, claro, no es que recurrimos a otro idioma en común. Incluso los propios chilenos pueden llegar a pensar eso: una vez, un profesor que tuve en un curso que hice, chileno él, que nos daba clases hablando en “español chileno”, algo que todos entendíamos, nos dijo, refiriéndose a su variedad del español:
– No, lo que se habla en Chile no es español.
Hasta aquí la catarsis. El español es una lengua que se habla en muchos países y que tiene influencias de muchas lenguas. De lenguas amerindias, de otras lenguas europeas, de lenguas africanas, etc. Desde mi humilde punto de vista el idioma, gracias a o por culpa de Internet va a tender, o está tendiendo, a universalizarse. Hace unos pocos días, por poner un ejemplo, estando en Tacuarembó, una ciudad del norte de Uruguay a la que viajo frecuentemente por razones familiares, una señora, en un supermercado, me hizo una pregunta acerca de los aguacates. En Uruguay les decimos paltas, y la señora era uruguaya, se los puedo asegurar. Que alguien dijera espontáneamente aguacates, hace unos pocos años, era impensable en Uruguay. Pero esa es mi teoría. El punto es que en el español actual existen variedades que presentan fenómenos lingüísticos, particularmente nos centraremos en los fonéticos, diferentes, por los cuales nos criticamos entre nosotros los hispanohablantes. A veces por pura maldad, a veces porque algunas variedades nos hacen gracia. Sí, a mí mismo me hacen gracia algunas formas de pronunciar el español. En esta pequeña serie de artículos veremos algunos de ellos, comenzando por el lambdacismo. Y si tú, pequeño saltamontes, estás por casualidad leyendo este artículo y hablas una variedad del español en la que se dice mi amol “en vez de” mi amor, no te enojes conmigo. En el próximo artículo de esta pequeña serie hablaremos sobre el yeísmo rehilado, el fenómeno por el cual en mi variedad del idioma decimos posho, shuvia, sho y shevo. En la que, además, voseamos. Así que tranqui, habrá palo para todos :).
Soy de Puelto Lico.
Un error que cometemos los hablantes nativos del español cuando queremos imitar el acento de personas provenientes de una variedad en la que se da el lambdacismo es pronunciar todas las -r como si fueran una -l. Esto no es así, quienes pronuncian de esta forma lateralizan la pronunciación de la -r en posición implosiva, es decir, al final de las sílabas o al final de las palabras. Que terminan todas con un final de una sílaba, ¿no? Y, además, nunca se lateraliza la -rr. Entonces no, hablante nativo del español, los boricuas dicen Puelto Rico. Cierro el párrafo sin más.
Origen y distribución geográfica.
El origen del lambdacismo en el español actual no es del todo claro. Si bien aparecen ejemplos en la evolución del idioma del latín al español, como las palabras latinas arbor y marmor que se convirtieron en árbol y mármol, la razón por la cual este fenómeno existe hoy en día en el español caribeño, por ejemplo, es aún fuente de discusión. Se piensa que puede haber aparecido por influencia de los muchos colonos andaluces y canarios que hubo en la región, así como que puede existir por influencia de lenguas africanas que no tienen el fonema -r por lo que esos hablantes lo asimilaban a -l. El hecho es que hoy en día este fenómeno se puede ver, a grandes rasgos, en algunas variantes del español andaluz y, por sobre todo, en el español caribeño.
Si bien el origen histórico exacto de este fenómeno en el español actual sigue en discusión, la realidad es que la -r y la -l son consonantes líquidas, llamadas así porque el aire fluye con menos dificultad que en otros sonidos consonánticos, como los fricativos o los oclusivos. Al tener mucho en común desde el punto de vista fonológico son sonidos fáciles de confundir o de asimilar entre sí, de manera que en la evolución del latín a diferentes lenguas se dieron dos fenómenos: el que nos ocupa aquí, el lambdacismo, y el rotacismo, que es el fenómeno inverso, es decir, el de cambiar algunas –l por -r y que también existe aún en algunas variedades del español. Para que escuches ejemplos te recomiendo buscar audios o videos de personas de países como Cuba o Puerto Rico, por ejemplo, para escuchar muestras reales. Yo podría intentar recrear la pronunciación y subir audios aquí, pero no sería la pronunciación exacta.
Lo resultante de este fenómeno, en la práctica, es que las -r al final de sílaba se pronuncian con un sonido que no es exactamente una -l, sino un sonido que es intermedio entre el de la -r y la -l pero que, al escucharlo, se parece más al de una -l. Así, palabras como harto o puerta suenan algo así como halto y puelta, y todas las palabras terminadas en -r, como por ejemplo todos los verbos en infinitivo, también: comel, cantal, bailal. Este cambio fonético no dificulta la comunicación entre personas que lo aplican y personas que no y le da un sonido al idioma que, a mí, personalmente, me encanta. Pero… Sí, siempre hay un pero.
¡Qué mal hablan!
Algo que tenemos los seres humanos es que tendemos a rechazar, o a señalar, lo diferente. En muchos aspectos de la vida. Y la lingüística no es la excepción. Y en lingüística, además, es muy difícil determinar que algo está mal. Porque uno habla como se habla en el lugar en el que uno adquirió su lengua. Yo mismo pasé la mayor parte de mi vida pensando que mi variante del español está mal porque pronunciamos diferente y porque decimos vos en vez de tú. Hasta que empecé a interesarme por las lenguas y la lingüística y empecé a aprender mi propio idioma. En el caso particular del lambdacismo, sí, es un fenómeno lingüístico que carga con desprestigio. Hay mucha gente que piensa que quienes hablan así hablan mal. Pero no. Simplemente hablan como hablan, y como todos los fenómenos lingüísticos de todos los idiomas, es simplemente un fruto de la evolución del propio idioma y si algo hace es enriquecerlo.
Si bien el tema central de este artículo era el lambdacismo no es un fenómeno lingüístico tan complejo de entender, así que aproveché para incluir información y comentarios que poco tienen que ver con eso. En el próximo artículo de esta serie veremos otro fenómeno fonético del idioma español que suele ser blanco de memes: el yeísmo rehilado. Ese que ocurre en mi propia variedad del idioma.

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